Vacaciones. Capítulo uno.
De cómo y cuándo llegamos.
Con el tiempo justo, el cuerpo destrozado, el estómago en los pies y el ánimo por las nubes llegamos a Ferrol a la hora de los postres. Aún así, la family nos estaba esperando de brazos abiertos para empezar la Nochebuena como se debe: comiendo y bebiendo hasta reventar.
Las vicisitudes del viaje no las contaremos para no cansar. Baste decir que la nieve nos hizo conducir durante 50 kilómetros a menos de 40 por hora.
La tónica pantagruélica se mantuvo en Navidad. Los platos no dejaban de pasar por delante de nuestras narices y nosotros, como buenos hijos que somos, dimos muy buena cuenta de cada uno de ellos.
De cómo huimos despavoridos.
Ante tal brutalidad gastronómica nos entró el miedo en el cuerpo y decidimos, por unos días, marcharnos de viaje. ¿Y qué mejor sitio que una de las más bonitas ciudades del norte de nuestro país vecino?
Como era de esperar, Porto nos encandiló (una y mil veces, da igual en cuantas ocasiones hayas ido) con su belleza mezcla de vejez y plenitud. Aquí os dejo con una muestra de las fotos.

Tras tres fantásticos días dirigimos nuestros caminos, de vuelta a Galicia, a la ciudad olívica. En Vigo nos esperaban nuestro padrino con el “mocho” en una mano y un micrófono en la otra.
Fin del capítulo 1.













































































