Pereza otoñal
Ya tenemos el otoño encima. Con sus cambios radicales de temperatura, sus lluvias intermitentes, sus golpes de viento, sus contrastes en la ropa,… En estos momentos del año es cuando menos me apetece salir de casa y más quiero estar en mi sofá, con una mantita, viendo la vida y la gente pasar.
En otro orden de cosas, aprovechando tres casuales circunstancias (buen tiempo, fin de semana y visita de Susana) el sábado agarramos el coche y nos fuimos a La Granja de San Ildefonso. No había estado nunca y me pareció una localidad maravillosa. En serio.
Cielo
El domingo nos fuimos a Navalcarnero a pasear y a tomarnos unos refrescos a una terracita. Todo para pasar el rato y para sacar de casa a la madre de Clari que nos está visitando.
De camino, el cielo nos regaló un impresionante panorama de sol y nubes. Es lo que tiene el otoño.
La Biblioteca de Babel
Cada mañana salgo de casa y me regocijo ante los incipientes rayos de sol. Camino escuchando música hasta la parada del autobus. Espero paciente su llegada y me subo a aquel cuyo número coincida con mi ruta. Me acurruco en algún asiento libre y recóndito. Mientras asciendo la Gran Vía viajo por fantásticos mundos de la mano del maestro del lenguaje. El inabarcable Borges.
El universo (que otros llaman la Biblioteca) se componte de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. [...]

























