Aparta de ahí

Me da miedo tu colilla.
Siempre he sido desafortunado con las mujeres. Las que no me han dejado, me han puesto los cuernos, me han marcado físicamente (y no es broma), me han dejado plantado, no me han hecho ni caso, ni siquiera me han mirado,… Hombre. Lo cierto es que nunca he sido lo que vulgarmente se conoce como un “figurín”, una belleza o algo similar.
Es lo que tenemos los feos. Por mucho que Los Sírex se empeñasen en desearnos la muerte porque, según ellos, les quitábamos las chicas que “tienen mucha vista”, la realidad es mucho más cruda. No nos comemos un “rosco”. Y eso lo sabe hasta Almenábar.
Sin embargo, para mi sorpresa, hoy Siren me ha dedicado una hermosa frase. Quizá lo más bonito que una mujer me haya dicho en los últimos tiempos.
Recogiendo los restos de la suculenta cena que amablemente nos ha proporcionado Mari Carmen (deliciosas pechugas de pollo en escabeche), me apuro a recoger las migas de la mesa bayeta en mano y cigarrillo en la boca. En el camino del fregadero a la mesa me cruzo con Siren. Me mira seriamente, se desplaza a mi derecha y me dice en un tono entre amenazador y melindroso:
- «¡Aparta, que me da miedo tu colilla!».
Me quedé conmocionado. Eso no se lo dicen a uno todos los días, ¿no?.