Memoria colectiva

Ahora que trabajo en Lola siento como que estoy más al tanto de ciertas cosas. A lo mejor es una impresión subjetiva pero me doy cuenta de cosas y pienso en ellas mucho más que antes.
Pongamos por caso el tema de la memoria colectiva. Nunca lo había pensado antes, pero cierto es que el público potencial de ciertos productos tiene una especie de fijación con ciertas marcas que les lleva a identificar todos los roscos de bizcocho (bañados de azúcar o chocolate) como Donuts, a todos los chocolates en polvo como Cola Cao,…
Hoy, mientras fumaba un cigarrillo en un descanso, escuché una conversación telefónica de una transeúnte que hacía referencia a una entrega de documentación en papel y en “disquete”.
Disquete. ¿Cuántos años hace que ha dejado de utilizarse ese tipo de soporte en la informática de usuario y de empresa? ¿Se venden todavía? ¿Cuánto cabía en un disquete? ¿Hay algún ordenador actual que todavía lleve disquetera? La interlocutora, evidentemente, se refería a un CD, DVD, disco óptico, memoria USB o cualquier otro dispositivo de almacenamiento en boga por estos lares.
Es realmente sorprendente cómo los nombres de las cosas se nos quedan en la cabeza. No sé si es nostalgia, ignorancia o memoria colectiva.
En mi caso, evidentemente, es añoranza. Morriña de aquellos tiempos en los que había que cambiar de disco para avanzar en un juego, cortar los archivos para que cupiesen en varios soportes, de agujerear la carcasa de plástico para “engañar” al ordenador haciéndole creer que el disco era de alta densidad, en los que el sistema operativo cabía en 1,4 Mb,…
Desde aquí lanzo la iniciativa de que formemos una plataforma por la vuelta del disquete. Lo tiene bien merecido, ¿no?



