31 de Enero, día mundial del disfraz de gorila

gorila.jpg ¡casi se me pasa!

PD: remembering A*P*E  (qué risas!)

¡Sí! ¡Que lo hagan, por favor!

Ironic Sans: ¡Yo me apunto!:

zilla01.jpg

¡Esto es maravilloso! Y seguro que a Rucito, que está babeando por El País del Sol Naciente, le hace más ilusión todavía.

Es una idea compleja, pero chula. Construir un edificio en Tokyo con la forma de Godzilla, de manera que el skyline de la ciudad quede marcado para siempre con esa silueta que ya da más nostalgia que miedo…

Sólo espero que no le den el proyecto a Calatrava…

Friki

Supaidâman (Spiderman) 17 de Mayo de 1978 - 14 de Marzo de 1979 (41 episodios)

Friki. Eso es lo que el Lehendakari me ha dicho cuando le he comentado que no puedo dejar de ver los episodios de Spider Man que la Toei Animation Company produjo durante 1978 y 1979 para la televisión japonesa.
Son auténticamente geniales. Un ejercicio de creatividad, ambientación, vestuario, guión,… Para que todos podáis disfrutar lo que yo, aquí os dejo unos links. Por cierto. La serie está editada en DVD así que, puesto que mi cumple está a la vuelta de la esquina, si alguien quiere rascarse el bolsillo.

Link 1
Link 2
Link 3
Link 4.

Pinchad, pinchad malditos.

Capítulo 3. Asakusa, Mercado y Templo Senso-ji.

Para nuestro segundo día en la capital nipona nos reservamos una jornada maratoniana. Anduvimos sin descanso desde las 10 de la mañana hasta… no recuerdo la hora a la que regresamos, pero a mí me dio la sensación de que era muy tarde. Aún descolocados por el jet-lag, las mil horas de viaje y el poco descanso, madrugamos lo suficiente para ir con Asumi a nuestro primer tour guiado.

Interior de la estación de Shinagawa
Aquí podemos ver una instantánea de la Estación de Shinagawa. Por ella pasan al día miles de personas circulando por varias líneas de tren y otras tantas de metro. En la foto parece tranquila. Esto se debe a que la “hora punta” ya ha pasado. En momentos de apogeo se hace imposible pararse o cambiar el rumbo sin chocar con 20 o 30 personas. Y si eso pasa (nosotros los turistas que no estamos acostumbrados a ese ritmo) la gente jamás se enfada, grita o pone una mala expresión. El respeto ante todo. Un auténtico espectáculo.

Interior del tren hacia Asakusa
Los trenes son los lugares donde la gente pasa gran parte de su tiempo. Allí también puedes ver de todo. Algunos juegan con sus consolas portátiles, otros duermen, otros leen, otros escuchan música, otros mandan SMS´s,… pero nadie habla por el móvil. Está prohibido.
Los trenes también son el lugar donde puedes ver las pintas más raras muy de cerca. Este personaje de la foto, sin ir más lejos, no era de lo más escandaloso, pero tenía su gracia.

Interior del tren hacia Asakusa
La tokyota que tenía al lado estaba un poco asustada (mirad cómo agarra el bolso) con un macarra de semejante calibre sentándose a su lado. Yo es que… allá dónde voy tengo que montarla de alguna manera. Si no, no estoy tranquilo.

Edificio de la antorcha
Llegamos a las inmediaciones de Asakusa y al salir de la estación lo primero que vimos fue este famoso edificio que imita una antorcha al viento. Es muy bonito y vistoso. Ahora no recuerdo el nombre del arquitecto, pero el edificio a mí me parece estupendo. Hay mucha gente que no ve la llama y lo único que reconoce sobre el edificio es un “zurullo” dorado.

Nakamise Shopping Arcade
Llegamos a las inmediaciones del Templo Senso-ji y entramos en un mercadillo tradicional japonés. Llamado Nakamise Shopping Artcade allí puedes encontrar de todo: peces, juguetes, ropa, fotos, comida,… y gente. Siempre mucha gente que circula de aquí para allá y que llena cada rincón de este país. No importa el lugar o la hora.

Helado de judía
Uno de los alimentos básicos de Japón (además del arroz) son las judías. Las utilizan para todo: solas, en galletas y pasteles,… Como hacía calor decidimos pararnos en un puesto a comer un helado. Las chicas se decidieron por un sabor tradicional (limón, té verde,…). Cuando Asumi me comentó que el de color medio rosado era helado de “fudía” (Asumi tiende a cambiar las jotas por efes) no me pude resistir. Y, por rarito y asqueroso que parezca, tengo que decir que estaba delicioso.

Entrada al Senso-ji
El Senso-ji es uno de los templos más famosos de Tokyo. Allí cientos de personas se acercan a orar, a pedir deseos y a consultar el futuro (esos famosos papelitos que seguro habéis visto en fotos o películas atados a las ramas de un árbol o a una especie de tendederos). La entrada está repleta de inmensas lámparas de papel de color rojo con enormes kanjis en tinta negra. Hay también un gigantesco incensario del que brota una continua nube aromática que baña las cabezas de los visitantes (por aquello de la sabiduría).

El cajón de los deseos
Como ya comenté con anterioridad, todos los templos tienen un cajón en el que se tiran monedas con agujero. Cuando el dinero está dentro, hay que dar dos palmadas y luego, con las manos en posición de oración cerca de la boca, hay que pedir un deseo. La tradición dice que siempre se cumplen, aunque la realidad es que el cajoncito es un saca-dinero como otro cualquiera.

Los modernos también consultan al oráculo
El mito de la modernidad y la tradición unidos de la mano en Japón no es fantasía. Es una realidad. Para muestra un botón. En esos cajones que se ven al fondo hay diversos papelitos que contienen augurios para el futuro. Para saber de cuál cajón coger, debes agitar un recipìente lleno de palillos que tienen, cada uno, un símbolo pintado. Abriendo el cajón correspondiente a tu símbolo obtienes el pliego en el que está impreso tu futuro. Lo lees, lo doblas y luego lo anudas en el lugar dispuesto para tal fin.

Los modernos también consultan al oráculo
Yo, como los modernos, también me dejé guiar por la tradición. He de decir que el futuro, según lo que ponía el papel (estaba en japonés y en inglés) me va ser favorable. Y, por el momento, lo que allí ponía se está cumpliendo. ¿Serán mejores augurando los monjes japoneses que los astrólogos españoles?.

Buñuelos de tako
Con tanto ajetreo nos entró hambre y, puesto que estábamos en el mercadillo, paramos en algún puesto a comprar comida. Lo que aquí veis es una bandejita con buñuelos recién hechos y rellenos de pulpo. Por encima están bañados con salsa de soja y mojama de atún en escamas. Estaba delicioso, aunque resultaron muy difíciles de comer por dos motivos: estaban calientes como el infierno y se escurrían continuamente de los palillos (¿habéis probado alguna vez a comer una bola blanda con palillos?).

Curiosidades de la calle
Y ahora dos fotos de curiosidades. En la primera vemos a un “personaje” repartiendo publicidad por la calle con un traje tradicional. No tengo ni idea de lo que anunciaba, pero la pinta me resultó más que curiosa. Al lado podeis ver una de las placas que hay repartidas por los suelos de muchas calles de Tokyo prohibiendo fumar. Todavía sigo sorprendido por este hecho. No poder fumar en la calle es, cuanto menos, raro.

Pachinko
Y ahora una foto de uno de los entretenimientos nacionales. Lo que más sorprende al entrar en una sala de “pachinko” no es la gente sentada allí durante horas, ni las luces, ni los cubos llenos de bolas, ni siquiera las maquinitas. Lo más impresionante es el ruido. Un aluvión de cancioncillas a un volumen brutal que no te dejan oir a la persona que tienes al lado, aunque grite. Y los jugadores de “pachinko” se pasan allí sentados toda la tarde. Me imagino que todos llevarán tapones o, en caso contrario, acabarán sordos como tapias.

Hasta aquí esta tercera entrega de mis aventuras japonesas. El próximo capítulo nos acercará a uno de los más populosos y modernos barrios de Tokyo: Shibuya. Hasta la próxima.

Capítulo 2. Primer día en Tokyo.

En este capítulo vamos a contar un poco sobre nuestra toma de contacto con la capital nipona. La primera impresión sobre la ciudad es el golpe de calor que te asalta nada más pisar el exterior. Cuando estás en el aeropuerto o en el tren no te enterás gracias al aire acondicionado, pero cuando salimos a la calle por primera vez en la estación de Shinagawa sentimos eso que llaman “calor tropical”. A las altas temperaturas se una una humedad de casi el 100%, lo que hace que no pares de sudar como una bestia aunque estés a la sombra y no muevas ni un sólo músculo.
Pero pasemos a lo que interesa.

Llegamos al hotel
Llegar al hotel fue de los más sencillo. Nada más salir por la Puerta Central de la Estación de Shinagawa te lo encuentras de frente. Es un edificio bastante feo, pero está muy bien situado. Desde la puerta tomé las primeras fotos del “skyline”.
Lo que aquí veis es una lámpara que decoraba parte del techo de la recepción. Parece bonito, pero era una horterada de gran calibre. Como llegamos dos horas antes de la supuesta hora de check-in, pues tuvimos que esperar un rato a que nos dieran la habitación, así que me dio tiempo a capturar estos bellos momentos de arquitectura hotelera.

Primera comida
Tras las correspondientes duchas, microsiestas y acicalamientos varios nos lanzamos a la calle. Me moría de ganas de salir y rodearme de japoneses. A los cinco minutos empezó a ponerse el cielo negro y a los 15 minutos empezó a llover de una manera desaforada. Como ya era la hora de comer nos metimos en el primer sitio que vimos y, con mucha dificultad (¿he dicho ya que en Japón casi nadie habla inglés?) logramos pedir todas esas viandas que veis. El plato consistía en sushi variado, arroz, sopa miso y huevo duro con gengibre. Para beber té helado. Todo un shock de sabores y colores.

Los templos están por todas partes
Con el estómago lleno y un sol radiante en las calles (la lluvia duró exactamente 10 minutos) emprendimos camino hacia el centro. Caminando boquiabiertos sin saber muy bien hacia dónde nos dirigíamos, nos encontramos los primeros templos metidos con calzador entre casas y rascacielos. Son todos muy bonitos y muy diferentes con sus campanas, sus incensarios, sus fuentecitas para lavarse las manos y la boca, sus arbolitos,… y ¡nadie para vigilar!. Es como muy natural el hecho de que, aunque esté abierto a las visitas y no haya vigilancia, la gente respeta completamente la propiedad (pública y privada). En Japón las calles están extremadamente limpias, todo está muy ordenado y no existen las pintadas.

Tokyo Tower
Caminando, caminando llegamos a la primera zona que podríamos llamar “centro” (centro es un concepto muy distinto en Tokyo). Allí nos encontramos con varios parques y con la majestuosa Tokyo Tower, un prodigio arquitectónico de 333 metros de altura. Construida como centro de telecomunicaciones hoy alberga dos miradores y transmite 9 canales de televisión y 5 emisoras de radio. Como dato curioso decir que es más alta que la Torre Eiffel pero pesa unas 3000 toneladas menos. Allí nos sentamos en un banco a descansar (llevábamos una hora caminando tras casi 24 horas de viaje sin dormir a la espalda) y casi me quedo dormido. En este punto Sandra nos abandonó para irse a dormir al hotel. Arancha y yo decidimos que queríamos ver más cosas y que no podíamos malgastar el tiempo. Además teníamos que adaptarnos a la hora de Japón. Así que nos quedamos a pasear un poco más. Eran alrededor de las cuatro de la tarde.

Parque de Shiba-koen
Muy cerca de Tokyo Tower hay un pequeño parque llamado Shiba-koen. Dentro del recinto del parque hay un enorme templo llamado Zojo-ji. Alrededor de los bordes del parque hay cientos de figutitas de niños pequeños vestidas con brillantes colores y con pequeños juguetes a sus pies. Más tarde nos enteramos que son imágenes conmemorativas de niños muertos. A pesar de representar algo tan triste, las esculturas son muy bonitas todas puestas en hileras y con tanto colorido.

Templo Zojo-ji
El Zojo-ji se construyó a finales del siglo XIV y perteneció a la familia Tokugawa. Durante muchos años y sirvió de alojamiento a numerosos peregrinos. Aunque llegó a tener más de un centenar de edificios, muchos fueron destruidos por incendios y bombardeos. La entrada principal, llamada Sanmon, se considera un tesoro de importancia nacional en Japón. La campana del templo, de casi 8 metros de altura, se hizo con metal fundido procedente de las agujas de cabello que donaron las damas de la corte del shogun. Fuente: Fer

Primera foto de turisteo
Dentro del Zojo-ji se respira un ambiente de tranquilidad y paz. En todo Japón hay un gran respeto (a parte de por todas las cosas) por la religión. No sabía si se podían sacar fotos en el interior pero, aprovechando que nadie me veía, me tomé esta instantánea de guiri. Observen el kit del perfecto viajero (camiseta de Starsky and Hutch, bermudas cotrosas, mochila a la espalda y posición de “aquí estuve yo y quiero que se note para darle envidia a los colegas”).

Por Asakusa camino del mar
Salimos del templo y quisimos ir a ver el mar. Tokyo está situada al final de una bahía (Tokyo-wan) que, como dato curioso, incluye una extensión de 249 km² de tierras ganadas al mar. En dicha bahía se encuentran ubicados varios puertos de gran importancia: el de Tokio, Chiba, Kawasaki, Yokohama y Yokosuka. Antes de llegar allí, paseamos por las calles de Asakusa en dirección al World Trade Center un impresionante rascacielos situado sobre la estación de Hamamatsucho. Allí vimos las primeras curiosidades como las placas del suelo que prohiben fumar por las calles y este ciclotaxi tan cuco. Nos entraron ganas de cogerlo, pero nos daba pena que un pobre japonés tuviese que sudar tinta china para darnos un paseo por la zona.

Una siestecita a la sombra
Finalmente llegamos a uno de los bordes de la bahía. Allí nos sentamos a descansar un rato observando los rascacielos que se alinean al borde del mar. A nuestra izquierda, dos bancos más allá, un hombre se echaba una siestecita aprovechando la sombra y el fresquito de la tarde. La postura no tiene desperdicio. Una de las cosas que más sorprenden de los japoneses es la facilidad que tienen para quedarse dormidos en cualquier parte: en el metro, en el tren, en los parques, en los restaurantes,… Allá donde halla un sitio para sentarse, la cabezada está asegurada. A ello contribuye el hecho de que Japón es uno de los países más seguros del mundo. No me quiero ni imaginar a alguien dormido con su maletín, su portátil y su móvil en el asiento de al lado (sin supervisión) en el metro de Madrid. Seguramente se despertaría poco menos que en calzoncillos.

Una suculenta cena a base de pulpo frito
Caminamos cinco kilómetros de vuelta al hotel y llegamos tan destrozados que pasamos de todo y nos pusimos a dormir. Entre tanto Sandra, perfectamente recuperada tras su reposo, organizó el primer encuentro con la que iba a ser una de nuestras guías no sólo en Tokyo, sino en casi todos los lugares que visitamos: Azumi. Con ella nos fuimos a cenar a un restaurantillo cerca del hotel (no estábamos para muchos trotes) donde pude disfrutar de mi primera comida caliente desde la llegada al país: tako (pulpo para los amigos).

Próximo capítulo: “Asakusa, Mercado y Templo Senso-ji”.