Limpiador de tentaciones

A veces tengo mil ganas de decir millones de cosas, de gritarlas a los cuatro vientos, de hacérselo saber a la gente, que todos lo sepan… Pero eso rompería la magia.
En esos momentos, para evitar tentaciones, imagino mi mente como un lugar vacío que está siendo barrido por el funcionario de turno equipado con uniforme y escobón. El encargado de eliminar hasta el más mínimo resquicio de los deseos imposibles de cumplir.
Cada día que pasa lo entiendo menos. Se supone que, a estas alturas, los termómetros deberían estar a punto de “ebullición“. Calor sofocante, temperaturas rozando los 40 y tantos, los pulmones que queman al inspirar, las calles vacías a media tarde, los parques y piscinas rebosantes de turgentes cuerpos blanquecinos. Y… nada. Pero nada de nada.

Dos mil años de cristianismo hemos tenido que esperar para poder visualizar una estampa como ésta. ¡Hay que ver lo que se moderniza el clero!.




