Hora iba siendo de que me pasase por aquí para hacer relato de todo lo sucedido en estos últimos días. Y hay para contar. Que han sucedido muchas y variadas cosas.
En primer lugar toca hablar de la visita de Yors y Madrina a Madrid. Lo pasaron bien (o eso me dijeron), sudaron como pollos, gastaron como guiris, comieron como bestias, bebieron como cosacos, bailaron como peonzas, sudaron como pollos y… ¡sudaron como pollos!. En la siguiente composición fotográfica podemos verlos en distintos momentos de su visita.
Los padrinos nos visitan. Madrid. Julio de 2008.
A pesar de toda esa actividad desarrollada, no debemos olvidar el motivo fundamental de su paso por la capital. Venían a unirse a la comitiva de Ciclodí para acudir al evento musical del mes en Madrid. Efectivamente nos fuimos al Saturday Night Fiber. Y allí vimos muchas cosas.
Tarados.
Viejunas que lo siguen petando.
Jamones Navidul.
Dioses.
Patatas Calientes.
Un anuncio de Sony.
En resumen. Llegamos tarde y solo pudimos ¿¡disfrutar!? del final del concierto de los de Pete Doherty. Menos mal, porque estos chicos son unos pesados.
Luego salió Siouxie y… la armó. Menudo despliegue de fuerza, elasticidad, saber hacer, vozarrón y temazos. Me gustó mucho. Además. ¿Quién me iba a decir a mí hace 20 años que iba a ver a la Sioux en un festival en 2008?.
Después, Morrisey. Más parecía Bertín Osborne, pero eso no amedrentó a los cienes y cienes de fanes que se congregaron para disfrutar de la actuación del Raphael británico. Correctito. Ni mucho, ni poco, ni nada más de lo necesario.
Lo mejor estaba por llegar. My Bloody Valentine asaltaron el escenario. Sin florituras, ni saludos. Salieron y, tema tras tema, fueron sumiendo al público en un estado de catatonia generalizada que desembocó en la explosión final: 25 minutos de sonidos distorsionados, improvisaciones desgarradoras que nos elevaron del suelo más de un palmo. ¿Cómo podríamos volver a pisar de nuevo tierra firme?.
A Hot Chip le quedó, como su propio nombre indica, una enorme “patata caliente”. Y salieron bastante airosos. Animaron al personal con sus temas pegadizos, bailables y… excesivamente cortos. El concierto pasó como una exhalación sobre las cabezas de los aún aturdidos asistentes.
Solo quedaba Mika y, aunque no pegaba ni con cola, se lo curró lo suficiente para hacer un papel digno. Al margen de consideraciones musicales y/o estilísticas, el tío lleva un espectáculo digno de otros emplazamientos y de otros oyentes. A pesar de ello, fue el único que se marcó un bis (por petición popular) cosa que dejó bien claro otra de sus carencias: el repertorio.
Y después, DJ Supermarkt. ¿Alguien se quedó a su actuación? Si ese alguien lo hizo, ¿podría contármela?. Nosotros preferimos arrastrar a Pavochungo y al Pollo hasta fuera del recinto para dormitar en un banco a la espera de que abriese el Metro.
Pa recordar: el público viejuno, las camisetas de “Heroes of the Silence”, Loquillo y su Trogloquillo, los bailes del Pavis, la cantidad de cerveza que nos bebimos, las súper encuestas de Helen, los hombres con la mochila de Heineken, la camisa rosa de Bertín-Morrisey, las mayas de la Susi y la Juani en EMI. ¡Ah! Y que, por fin, he visto a My Bloody Valentine en directo. Y merecen cada céntimo de euro que gasté en la entrada.
Pa olvidar: Hmmmmm… No me acuerdo.
Fin de la historia.