
Llevo una semanita que para qué contar. Cuatro días sin email en el trabajo. Bueno, no exactamente. Los mails que me envían tardan una media de 4 o 5 horas en llegar. Conclusión: cuando ya estoy metido en la cama, a punto de dormir, el BlackBerry se vuelve loco pitando al compás del chorreo de mails (Ya sé que tengo que apagarla, pero a veces se me olvida. ¿A vosotros no?) ¡De los nervios!.
Todo esto hace que, cuando llego a la oficina por la mañana, me tenga que convertir en un pulpo. No por tocón, ¡ojo!. Sino porque tengo que atender al móvil, al fijo, a los chats y a la cola de personas que se me quejan directamente porque no reciben correos. ¡Cómo si no lo supiera!.
Y, para colmo de males, nadie sabe cuánto más va a durar esta situación.
Menos mal que Privalia siempre está ahí para alegrarnos y para que nos tomemos las penas con mayor ligereza y mejor calzados. Hoy las recibimos y ya las tenemos puestas.
Contentos estamos. Como niños con zapatos nuevos.
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2 Comentarios
mmm, no sé, hable con el informático de su empresa.
ah no! que es usted!
vaya putada
Nada más que añadir xD.