El 10 de junio de 2008 el pintor malloquín Miquel Barceló estampa su firma y da por concluida una de sus más monumentales y más criticadas obras de arte.
La cúpula elipsoidal de la Sala XX del Palacio de las Naciones de Ginebra es un prodigio de color e ingeniería. 35.000 kilos de pintura de color decoran “una cúpula barrida por olas y afilada por miles de estalactitas que resume su idea del mundo: un planeta-cueva que reúne a los hombres y que viaja al futuro“.
Más increíble que sus dimensiones, su belleza o su ingenio ha sido su precio. Un total de 20,35 millones de euros sufragados por todos los ciudadanos del mundo, incluso los más necesitados: “se utilizó una partida de 500.000 euros de los Fondos de Ayuda al Desarrollo (FAD)“.
¿Intolerable? ¿Escandaloso? ¿Maravilloso? ¿Impresionante?…
A nuestra vecina del piso de arriba le debió parecer estupendo y puso su granito de arena para que los ciudadanos de Madrid pudiesen disfrutar de ese espectáculo en vivo y en directo, en nuestra propia casa (sí, sí, la mía).
¿Que cómo lo hizo? Derramando durante unas 4 horas un chorro contínuo de agua sobre el suelo de su casa. ¿Resultado?


PS: Las fotos corresponden al techo de nuestro baño. La información sobre la cúpula de Barceló ha sido extraída de El País.
4 Comentarios
qué bonito
al menos están de alquiler
qué chula! jo, qué suerte tenéis.
Mancanta! Si lo vendéis seguro que os dan la misma pasta que a Barceló.
Y lo de “ay va que chorrazo” de cuatro horas a que venía? Estaba haciendo algún tipo de estudio de caudales o de permeabilidades?
Se le rompió una cañería, no lo hizo a propósito. Pero nos estuvimos cagando en ella durante todo ese tiempo: que si grita, que si mueve los muebles, que si le pega a su novio,… Al final resultó que fue todo fruto de la casualidad. Eso sí. Joder, jode lo mismo.