Despedida y cierre

Se terminó una época. Un momento histórica ha pasado. El libro se cerró definitivamente.

Lo que muchas personas de muchos lugares del mundo y de múltiples nacionalidades conocieron como “La Casa de las Flores”, ese lugar para el disfrute y la diversión, ha dejado oficialmente de existir. El sábado noche los habitantes y ex-habitantes, los allegados y los que alguna vez significaron algo para este hermoso recinto se reunieron para celebrar la despedida.

Con gran dolor y congoja en el corazón celebramos el final de “La Casa de las Flores”. Ya nada volverá a ser igual. Nuestros caminos discurrirán por distintas vías y, aunque por supuesto conservaremos el contacto y la amistad, nuestras vidas ya no serán lo mismo. 

Del futuro de la casa preferimos no saber nada. Nos quedamos con todos los buenos ratos que allí pasamos. Con las fiestas, las comidas, las cenas veraniegas, los tarimismos, las salidas nocturnas, las comedias, las risas, la convivencia,… la gran amistad que nos ha unido, que nos une y que nos unirá.

Gracias a todos los que vinisteis a la fiesta (especialmente a los que lo hicieron desde fuera de Madrid). Gracias a todos los floreros. ¡Muchas gracias!

Larga vida a La Casa de las Flores.

PD: Un post muy melancólico, pero creo que la ocasión lo merece. Los que lo habéis vivido lo comprenderéis. Seguro.

Bellido´s Racing

El sábado noche, con o sin fiebre, nos fuimos a darle una sorpresa a Gonzalo por su cumpleaños. Nos escondimos como pudimos (bajo las sillas, tras las columnas,…) para saltar como fieras al grito de ¡¡¡SORPRESA!!!.

La cara del jefe fue de auténtico asombro. Realmente no se esperaba nada.

Tras el regocijo inicial llegó la tarta, los regalos y las copas (que era lo que todos esperábamos, para que negarlo). Y allí empezó la charla distendida, los bailes, las confesiones y esas cosas que se suelen hacer al refugio del alcohol y la oscuridad.

A juzgar por todo lo que allí se dijo, creo que sí hubo “Saturday Night Fever”. Porque la temperatura subió varios grados. Y, sino, que se lo pregunten a “Petri”.

Tokoro

Ayer nos fuimos a celebrar el cumple de la Helen al Tokoro. Disfrutamos mucho de la sesión musical, de la compañía (Iñaky, como siempre, es un grande) y de la noche de los jueves en Madrid.

Es increíble la cantidad de gente que sale por las noches en esta ciudad. No importa el día, el mes o el año. En Madrid siempre hay donde disfrutar hasta altas horas de la madrugada. Es la ciudad que nunca duerme.

Insólito

Esta mañana, como de costumbre, me he sentado a mi mesa de trabajo dispuesto a atender cualquier petición (por extraña que sea). Intento no sorprenderme de nada pues llevo ya muchos años en esto de la “tecnología” (no me gusta eso de nuevas tecnologías, porque conviven con nosotros desde hace varias décadas) y sé que hay que adaptarse a los conocimientos de cada usuario. No todos sabemos lo mismo de las mismas cosas y hay gente a la que “términos técnicos” le pueden sonar a chino mandarín.

Así que, cada día, abro mi mente y pretendo no asombrarme. Aunque a veces es… inevitable.

Después de tomarme el café de rigor y hacer resumen de tareas para la jornada, Isabel (nuestra encantadora recepcionista que cada día me entrega catálogos, folletos y publicidades varias) deposita sobre mi escritorio una caja blanca procedente de ¡¡¡France Telecom!!!. A mi nombre…

Aquí os dejo fotos del desempaquetado.

¡¡¡¡Un cinturón!!!! Orange me ha mandado un cinturón. No salgo de mi asombro. 

Y, para más INRI, lo mandan a nombre de R. Pancín. Que supongo yo que será por aquello de la barriga, la dieta y el apretarse el cinturón.

Servidor


Me he pasado toda la mañana montando y poniendo en marcha (con la ayuda del Master Anthony desde Londres) este servidor HP.
No es que me guste mucho esta máquina (para un Mac fan como yo esto es profanación), pero son las cosas del trabajo. Los jefes son los que mandan y son los que quieren este tipo de máquinas.
En fin. He sudado mucho poniendo todas las piezas en su sitio y he sudado más creando el RAID y poniendo en marcha el servidor. Pero todo ha merecido la pena.
Si es que cuando las cosas se hacen bien (“despacito y con buena letra”, que diría mi madre), se hacen bien.