
Otra muestra de cómo los elementos escapan a cualquier control posible. Casi como yo cuando me salgo de madre.
Hace muchos, pero muchos años que no me enfado hasta límites de destrucción masiva. Eso sucedía con cierta frecuencia cuando era un tierno infante. Supongo que por falta de entendimiento, por capricho y por poco autocontrol.
Desde que superé una cierta edad, comprendí que los enfados no llevan a ningún lado y que casi todo puede solucionarse “hablando”. Pero hay casos en los que esa táctica no sirve de nada.
¿Es posible que nos estemos acercando al punto de “no retorno”, de caos, de cataclismo, de tormenta desatada?. Confiemos en que todo vuelva a su cauce y que, como todos esperamos del LHC, no se acabe el mundo pasado mañana.
5 Comentarios
quechepasaoou?
Naaaada. Las cosas de la vida. De esas cotidianidades que te alteran los nervios. En fin. Supongo que lo que me pasa es que soy Virgo (siguiendo el tema presidencial).
pues ayer en el cofibreik comentaban que el mundo ya se ha acabado, pero nadie se coscó porque como todo el mundo piensa que es una cosa horrible y se abre el cielo y caen cosas y eso… pero no, asín que nada, no te enfades hombre, que total paqué?
A mí el mogollón de años que tengo encima, solo me ha enseñado que muchas cosas se arreglan más que hablando, callando.
Un día me voy a dejar el autocontrol en casa y el fin del mundo va a parecer una mariconada.
A ver si llueve también por aquí como tanto anuncian y se limpia un poco el ambiente.
Abrazo Ru.
Puede que tengas razón, Nei. Callar es la mejor solución ante tanto desagravio, ignorancia y falta de respeto.
Por cierto, cuando te dejes el autocontrol en casa, avisa. Más que nada por coger un paraguas para soportar el chaparrón. Esa advertencia me recuerda a Michael Douglas en “Un día de furia”…
Abrazos, Nei.
(Cuánto tiempo desde la última vez que hablamos, válgame Dios!!!)
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[...] Así amaneció la calle de la oficina la mañana después de la tormenta perfecta. [...]