¡Qué pequeño te puedes llegar a sentir ante un despliegue de fuerza, energía y fiereza de semejantes proporciones!.
Paseando por Plaza de España se desata una tormenta eléctrica y, sin nada bajo qué cubrirnos, nos quedamos embelesados por tanta belleza. Es increíble lo que una tarde de final de verano puede ofrecernos así, de repente.
4 Comentarios
Pffff…
¿Te cuento cómo ha quedado el “palomar”?
O no, mejor, observa de cerca tu rallador de queso…
Jolines, ¿esto no había manera de, erm… predecirlo?
¿Ahora, en vez de en un palomar, vives en un queso gruyère? Pobre… En fin. Ya sabes que, en mi política de acogidas a refugiados, si necesitas un lugar donde guarecerte de los “daños colaterales”…
Esto no lo predice ni el hombre del tiempo de “New Orleans”.
Jajajajaja, tomo nota de la invitación, cómo no.
Al final, la cosa no fue tan grave. Menos mal que caía verticalmente, porque si no nos hubiéramos quedado sin ventanucas, y, bueno, sí, en un queso gruyére…
Eso sí, lo que no tiene remedio es lo que les pasó a mis tímpanos. Te juro que My Bloody Valentine no tenían nada que hacer contra ese asalto sonoro.
Pero bien está lo que bien acaba.
¿Predicciones del tiempo?
Ah, La Petite Claudine me la dio anoche, algo tarde, pero la explicación del fenómeno sólo puede ser esa:
http://www.lapetiteclaudine.com/archives/012818.html
Teniendo en cuenta que podía haber sido el fin del mundo, la verdad es que un poco de granizo no le hace (demasiado) mal a nadie…
Feliz cumpleaños, vecino